—Espera… —murmura, me silencia con la mano y sigue en su extraña búsqueda. No comprendo. Sus ojos me observan curiosos y asombrados.
—¡Yo sabía que lo ví en algún lado! –exclama, da la vuelta el libro y señala con su dedo —¡Era mi compañero de curso!, el gordito Liam.
Abro la boca y la cierro, recuerdo haberlo defendido en un par de ocasiones. Incluso en un momento: empecé a sentir algo por él. Sin embargo, Gabriel confesó sus sentimientos y me confundí.
—Ay mierda –comento, me cubro el rostro y miro a mí amiga aterrada —¡Es él! Es…
—Ajá, cuéntame todo.
Narrador omnisciente.
Una joven hermosa, cuyo cabello llegaba hasta...