Isabella.
—Ay pobre chico –comentó Belén.
—Lo sé ¡Fui muy mala persona con él! –exclamé con una mueca.
—Mierda ¿y qué pasó con él? –preguntó y suspiré.
—A la semana, se fue… de la escuela… —comento con dolor.
—Ay amiga, que complicado. Te debe odiar –sisea, y asiento.
—Mierda.
Al día siguiente, mientras estaba tarareando una canción, el timbre suena. Hago una mueca, Gabriel se encuentra dormido aún en la cama; es día domingo. Camino, envuelvo mi cuerpo cubriendo la piel libre con el camisón. Al lelgar a la puerta, tomo la perilla y jalo. Encuentro a Liam, y suspiro.
¿Cómo no pude reconocerlo? Me siento patética.
—Hola… —murmura, y...