—¿Por qué? –la pregunta de Esteban, logra despertarme. Me incorporo de un salto, y muerdo mis labios.
—Porque… no pude hacer otra cosa, es complejo y no puedo decirte –lamento con dolor y escucho su suspiro.
—¿Sabes que te amo? –su pregunta rompe mi corazón, él ha sido todo para mí.
—Sí…
—¿Algún día podrás dejar de amar a tú asesino? –pregunta y antes de que responda, corta la llamada.
Empiezo a llorar, mí almohada es mí refugio.
—Lo siento Esteban... –lloro en voz alta, y la puerta es abierta.
—Ah, perdón… estas llorando por tu amante –comenta con brusquedad Gabriel, cerrando con fuerza y me sobresalto.
Le detesto, entonces...