Mis ojos se abren de par en par pensando que no estaba hablando en serio.
—Estoy hablando en serio, Anaiah, no puedes desobedecerme de esa manera —me dice con seriedad y asiento con la cabeza aunque estoy llorando. Suelto un quejido cuando el látigo entra en contacto con mi trasero y lo veo con miedo.
—Anaiah, cuenta conmigo o le haré pagar a tus amigos —me repite a lo que asiento con la cabeza mordiéndome los labios para no gritar. Luego de diez latigazos, mi trasero está en llamas y me besa en la coronilla.
Se echa a mi costado y me alejo de su abrazo porque no puedo soportar...