Terminé llevando a la joven al hospital de la manada. Dejo su cuerpo sobre la cama y los doctores me piden que salga de la habitación pero les enseño los dientes y les dejo en claro que eso no pasará. Mi beta se me acerca y me pone una mano sobre el hombro. Claramente le han informado sobre lo sucedido.
—¿Cómo está? —me pregunta mientras la observa en la camilla. Los doctores están atendiéndola, pero se nota que me tienen miedo. No los puedo culpar, me bulle la sangre de solo recordar cómo la encontré.
—Mi señor, creo que en este caso, sería mejor que nos deje actuar sin su presencia —me explica, ligeramente tartamudeando, una de las enfermeras.
—Ella tiene razón, mi señor —coincide Dan—. Tienes que dejar que los doctores hagan su trabajo, los estás asustando y luego algo podría salir mal.
—No —respondo cortantemente porque tengo que ver lo que le hicieron a mi compañera con mis propios ojos. Los doctores nos miran con nerviosismo pero le cortan la blusa y observo que su cuerpo está cubierto de cortes, moretones y cicatrices. Nadie, sin importar sus crímenes, debería ser castigado de esta forma.
—Definitivamente ha sido maltratada anteriormente con regularidad, tiene demasiadas cicatrices —murmura el doctor mientras comienza a limpiarle las llagas que tiene en la espalda y, a pesar de que está inconsciente, la joven se estremece ante el dolor. La agarro de la mano para demostrarle que no está sola.
—Lo siento, bebé, te prometo que pagaran por lo que te hicieron —le prometo en silencio. Me aseguraré de que los supuestos líderes sufran todo el peso de mi ira por tratarla de esta manera. La suelto y salgo de la habitación, Danford intenta detenerme, pero no le hago caso. Quiero estar solo en este momento.
Alcanzo el bosque rápidamente y me transformo en lobo. Suelto un aullido antes de comenzar a correr, las horas pasan rápidamente mientras siento la suave tierra bajo mis patas, mi mente no ha dejado de pensar ni un segundo en mi compañera preocupándome por lo que hubiera pasado con ella si no hubiera llegado a tiempo. Cuando me doy cuenta de que ya es de noche, paro y regreso a mi forma humana, aunque estoy más cansado que antes, mi rabia sigue latente. Regreso a la mansión de la manada y me sirvo mi whisky favorito. El silencio reina en la casa porque todos están durmiendo.
Luego de terminarme el vaso finalmente siento la fatiga tomar posesión de mi cuerpo y mente. Así que me retiro a los aposentos que prepararon para mí no sin antes indicarle a beta que no se separe de la joven. Una vez echado sobre la cama, me quedo unos minutos observando el techo, deseando saber todo sobre mi compañera. Todavía no sé ni su nombre pero la considera la mujer más hermosa que he visto en mi vida. No entiendo por qué alguien tan delicada como ella había sido encerrada en las mazmorras de esa forma. También me doy cuenta de que no había logrado sentir a su loba en el momento en el que la toqué, su presencia latente pero escondida. Responderé a todas mis dudas mañana.
***
Amos
Siento que estoy en llamas y no puedo respirar bien. No puedo creer que esa m*ldita me haya rechazado. ¿Quién se cree que es? Pensé que me rogaría o me daría más tiempo para reconsiderarlo, pero pareciera que nunca le importé. Me encierro en mi oficina mientras trato de controlar los gemidos de dolor. Siento que mi corazón se está rompiendo en mil pedazos de la tristeza. Mi cabeza me da vueltas de todas las emociones que estoy sintiendo, pero necesito verla en este momento. Necesito verla porque me rehuso a dejarla ir. No me importa lo que los demás digan.
Después de calmarme y controlar el dolor de mi corazón. Me comunico con los guardias que estaban cuidándola en las mazmorras pero ninguno me responde. Me dirijo echando humo al sótano, pero me encuentro con otros guardias sacando cuerpos cubiertos con sábanas manchadas de sangre. Ni bien me ven, me saludan con respeto pero los cuestiono con la mirada.
—¿Qué sucedió?
—El rey se llevó a la chica —me responde el que está más cerca de mí y me volteo a verlo con los ojos abiertos de par en par agarrándolo del cuello de su camisa.
—¿Qué quieres decir con que se la llevó?
—Los guardias que la cuidaban estaban...
—Si no hablas, te parto el cuello en dos. Dilo de una vez —le ordeno, claramente frustrado. Al no recibir una respuesta inmediata, lo tiro con la pared y lo escucho gruñir de dolor.
—Los guardias querían abusar de ella así que el rey los mató —soltó con dificultad y aprieto los dientes con furia.
—¿Dónde está?
—No lo sé, señor —me contesta temblando. Luego de ello, subo las escaleras corriendo y en el recibidor me contacto mentalmente con otros guardias que me informan que la llevaron al hospital. Cuando llego la veo durmiendo pacíficamente en su cama y me estremezco al pensar en lo que debió haber experimentado a la mano de eso grotescos hombres. Se le notan los huesos, su cabello está sucio, pero sigue siendo la más hermosa de todas a mis ojos. Le acaricio la mejilla suavemente y siento que nuestra conexión no está del todo rota. Me agacho para besarla en la frente cuando siento otra presencia en el cuarto.
—¿Qué le pasó? —le pregunto a la doctora, pero esta simplemente me mira con desdén. Aprieto los puños para contener mi instinto asesino. No me conviene matar a nadie en este momento, menos a la doctora Baross quien es usualmente una mujer muy dulce.