Estoy sentada al borde de un acantilado mirado el vacío extenderse abajo de mí. Suspiro pensando que debo tirarme, pero mi loba se queja y me recuerda a Leondre.
—Lo has conocido por tres días, no puede ser que ya lo quieras tanto —bufo por lo bajo—. No debes creer en todo lo que nos dice.
—¡Nos ama!
—Nadie nos ama. Todos terminaran odiándonos también su nueva manada. ¿Realmente crees que nos aceptaran de buenas a primeras? Soy una omega que siempre ha sido la vergüenza de su manada, nadie no querrá así —le respondo con lágrimas recorriendo mi rostro. Odio llorar.
—Estoy segura de que nos aceptaran —me comenta ...