—Aléjate de mi mujer —grita Amos, indignado, y al segundo siguiente Leondre lo tiene acorralado contra la pared. Sé que si ambos siguen en este plan de probar su hombría, la situación acabaría en sangre, así que me levanto y tomo de la mano a mi compañero para ofrecerle algo de calma. Inmediatamente, Leondre deja caer sus hombros y lo suelta. Amos, todavía enojado, decide sucumbir ante el poder del otro hombre y se agacha ligeramente en signo de subyugación. Luego de esto, levanta la mano para tocar mi mejilla pero se detiene al escuchar el gruñido de advertencia de Leondre.
—¿Cómo estás? —me pregunta con delicadeza, preocupado, y no...