Han pasado algunas semanas desde que llegué a este lugar, pero todavía no puedo quitarme la duda de que me están ocultando algo. Dan y Arya evitan mis miradas a veces con culpa y Leondre ha estado actuando de forma rara. Mi teléfono suena en ese momento.
—Hola, mi amor —me dice mi compañero y tomo asiento en mi cama.
—Hola, ¿cómo estás? —le pregunto a lo que él suspira pesadamente.
—Cansado, ¿y tú?
—Estoy aburrida, así que he conseguido un trabajo —le informo porque estoy a punto de jalarme de los pelos encerrada en este lugar.
—No puedes trabajar —me ordena Leondre pero simplemente pongo los ojos en blanco...