—Pues, tú fuiste la de la idea —señaló Kaleb con una sonrisa ladeada.
Sahara estrechó los ojos en su dirección.
—No es cierto, o sea, admito que yo fuí la que nos encerró allí dentro. Pero tú eres el culpable por retarme afirmando que tenía miedo de estar a solas contigo —le recordó.
—Vale —dijo Kaleb rendido—. Ambos somos culpables. Y la verdad no me arrepiento de ello, ¿O tu sí?
—Para nada, jamás olvidaré esas hermosas palabras que dijiste —comentó acercándose a él, plantando un beso corto en sus labios—. Aunque, lo último no pude oírlo bien, ¿Lo repites?
Mintió batiendo sus espesas pestañas. Ainsworth negó con la cabeza...