Emoción como también nervios, adrenalina que se disparó. Ella sería en parte la responsable de que Sahara y Kaleb no se les olvidara jamás ese primer beso, dónde solo la luna y las estrellas fueron testigos de aquel primer beso. Se separaron por falta de aire en sus pulmones, la mirada de Kaleb transmitía todo. Y allí la joven supo que si no la apartó fue porque él deseaba lo mismo que ella.
O eso pensó Sahara.
—No —habló Ainsworth con voz ronca—. Esto no está bien.
—¿Qué? —preguntó la joven mirándolo—. ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo?
—Todo —soltó levantándose. Sahara lo imitó para estar casi a su...