Chapter 4 Idiota

Chapter 4 Idiota

—¿Qué quieres? —respondió la llamada de forma desdeñosa.

Desde que regresó a la ciudad, no hacía más que llamarlo. Kaleb sabía cuáles eran sus intenciones, pero la verdad es que él no quería nada con esa mujer.

—Hola Kaleb, ¿Cómo estás? Yo estoy bien, gracias por preguntar —habló sarcástica la mujer que un día fue el amor de su vida.

El joven resopló.

—Oh vaya, ¿ahora sí te interesa cómo estoy? —se rió amargamente—. Ay por favor, no seas hipócrita y vete a molestar a otro que no sea yo.

—Sé que estás molesto conmigo, y lo entiendo. Comprendo que me comporté horrible contigo y no merecías lo que te hice —Kaleb aprieta el puente de su nariz haciendo un esfuerzo sobrehumano para no insultarla o colgar la llamada que no debió responder.

—Mira, el pasado es pasado y sinceramente ya no me afecta en lo más mínimo lo que sucedió, así que si lo que te importa es obtener mi perdón. Pues está bien, acepto tus disculpas —dijo apoyándose del respaldar del taburete—. Pero hazme el favor y no vuelvas a llamarme, el hecho de que te perdone no quiere decir que seremos amigos. De hecho lo último que querría es cruzarme contigo, ya han pasado cinco años y desde entonces todo ha cambiado.

La línea se quedó en silencio, por lo que no dudó en finalizar la llamada. Se puso de pie y subió a su habitación tomando sus cosas para irse a la oficina. Escuchó unos pasos en el pasillo, se asomó y la vio allí. Sahara llevaba un overol de un color amarillo chichón que lo escandalizó, unas botas color marrón y su cabello recogido en una larga trenza que caía tras su espalda.

La jovencita sintió una mirada, al girar su cabeza se encontró con nada más y nada menos que kaleb, quien la observaba con su habitual rostro inexpresivo. ¿Es que nunca sonreía o qué? Se preguntó mentalmente la jóven.

—¿Qué haces allí? Pensé que ya te habías marchado —Sahara se abstuvo de volverá los ojos.

—Mi hermano me llamó y por eso he tardado. Quería hablar unas cosas conmigo —explicó calmadamente.

Kaleb se acercó a las escaleras dispuesto a bajar, pero antes se giró y le dijo.

—Bien, anda a desayunar. Ya te has atrasado suficiente —pasó por su lado sin darle tiempo de responderle a la jóven.

Pero Sahara lo alcanzó e hizo que se detuviera. Mordió su lengua para no soltarle lo primero que había pasado por su mente.

No sé comportaría igual que él. Se lo había prometido a Stephen.

—Comenzamos con el pie izquierdo, ¿Por qué no lo volvemos a intentar? —le propuso estirando su mano, mano la cual Kaleb dejó estirada y no estrechó

La jóven la bajó un tanto avergonzada. Más no se permitió demostrarle que deseó darle una bofetada o tirarlo por las escaleras. Pues recordó que le juró a su hermano llevarse bien o intentar convivir con su amargado mejor amigo, y ahora también jefe.

Sin embargo, eso le pareció algo muy difícil, le odiaba. Y por lo visto el sentimiento de odio era mutuo.

—Sería un completo ingenuo si hago tal cosa. Es obvio que Stephen tiene algo que ver es todo esto, seguro te dijo que como  te estás quedando aquí debemos tener una buena relación, ¿No es cierto? —la joven asintió con la cabeza—. Lo supuse.

Pues te diré que eso sería como decir que el agua y el aceite se mezclen. En otras palabras, nunca podremos estar encerrados en la misma habitación sin que discutamos o alguno de los dos acabe rodando por las escaleras. Ambos tenemos diferentes personalidades, somos polos complemente opuestos, y dicen que esos se repelan.

Dio media vuelta y bajó las escaleras caminando con una seguridad en si mismo, que a la joven Sahara le pareció de lo más pretencioso. Estuvo dispuesta a mantener una convivencia agradable entre ellos, pero sus palabras le confirmaron que aquel hombre carecía de sentimientos.

Era un imbécil antisocial. Un cretino.

Su odio hacia él aumentó y le haría la vida de cuadritos. Pensó Sahara dibujando una sonrisa malévola en sus labios.

—No sabes con quién te has metido, Kaleb —dijo para si misma.

(...)

En el viñedo los trabajadores se hallaban conversando mientras se hacía la hora de comenzar la ardua labor. La mayoría de ellos eran jóvenes de menos de treinta años de edad, por lo que Kaleb fue directo y claro al ordenarles que no debían acercarse a Sahara con otro fin que no fuera por trabajo. Los conocía y sabía que la jóven sería atractiva a los ojos de sus empleados. Y como era responsable de ella, pues su mejora mucho le había encargado cuidar de su tesoro más preciado; Sahara. No iba a permitir que le hicieran daño.

—Cris —llamó al más joven de sus trabajadores, que si bien recordaba aún no pasaba los dieciocho.

—Señor —saludó acercándose a Kaleb.

—Vigila a cualquiera de estos hombres que intenten pasarse de listos con Sahara, ¿Entendido?

—De acuerdo señor —respondió el adolescente sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos.

El hombre era intimidante y a comparación con él, que no era más que un delgado muchacho, su jefe Kaleb, le daba un poco de miedo. Y los rumores que esparcían en el pueblo donde vivía sobre el hijo del señor Ainsworth, no hacia más que incrementar su temor hacia el dueño del viñedo dónde trabajaba.

—¡Atención todos por favor! —Kaleb alzó la voz para que los empleados escucharán lo que tenía que decirles—. Este año tenemos una competencia aún más ruda que la anterior, es por eso que les pido que me informen de todo lo que ocurra con las uvas, el proceso, todo. ¿Está claro?

—¡Sí señor! —dijeron todos los hombres al unisono.

Ainsworth estaba por marcharse, cuando de repente Sahara hizo acto de presencia y los presentes no pudieron simular su asombro al ver a una chica como ella. Kaleb se encaminó hacia la joven y la arrastró dentro de su despacho de vino, sin importarle las miradas curiosas de sus trabajadores.

Al haber ingresado, le soltó el brazo con rapidez como si este quemara.

—Vaya forma de recibir a tus esclavos —murmuró Sahara con su característico sarcasmo.

Kaleb ignoró su comentario. No estaba de humor para su chistes.

—Ya les he dado órdenes a ellos para que no se sobrepasen contigo y...

—Sé cuidarme sola —lo interrumpió cruzándose de brazos.

Sahara no entendía su actitud, de pronto era antipático con ella y de un momento a otro le interese su bienestar. Era un bipolar. Se dijo la jóven mirándolo detalladamente.

—De eso no estoy tan seguro, pero lo que si sé es que no permito las relaciones sentimentales dentro del trabajo. Así que espero y obedezcas —la joven lo miró con hastío—. Puedes retirarte, Cris te explicará que debes hacer.

Le ordenó y se retiró sin siquiera despedirse.

—Idiota —dijo la jóven en un murmullo bajo.

Category
Dark
Set up