Chapter 6 Inestable

Chapter 6 Inestable

Se encontraba peinado su larga cabellera, cuando tocaron a su puerta y seguido de esto fue abierta, mostrando a Kaleb enfundado en un carísimo traje negro. Le asentaba como un guante, la jóven Sahara no pudo evitar escanearlo de pies a cabeza. Lo detestaba, pero debía admitir que era demasiado apuesto, parecía un modelo de revista.

Aclaró su garganta y puso su mejor cara, aunque quería empujarlo fuera de su habitación. Se abstuvo y fingió una amable sonrisa más falsa que sus uñas acrílicas.

—¿Deseas algo, mi señor? —enfatizó en lo último con burla.

Kaleb la miró como siempre, sin ninguna pizca de gracia o emoción expresada en sus facciones varoniles.

—Sí, de hecho venía a decirte que voy a una reunión importante —le dijo metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Oh, que te vaya bien entonces —comentó la joven pasando por su lado.

Ainsworth la detuvo del brazo impidiendo que saliera del dormitorio.

—Irás conmigo, así que ve a vestirte que llegaremos tarde —la chica frunció el entrecejo confundida.

—¿Por qué tengo que ir contigo? ¿Qué pinto yo en todo eso? —Preguntó Sahara sin comprender nada.

Kaleb soltó un suspiro exasperado.

—Mira, primero ve a adecentarte y luego te explico, ¿Bien?

—De acuerdo, igual me apetecía salir, iré porque yo quiero, no porque tú me lo dices —Dejó claro la chica—. Pero tengo una condición, te la diré más tarde.

—Vale, pues te espero abajo. No tardes mucho —la joven asintió con la cabeza y vio salir al hombre que la estaba embriagando con ese perfume masculino.

Al estar sola, votó todo el aire que llevaba retenido desde que Kaleb entró a su habitación. De alguna manera, estar cerca de él la ponía nerviosa, no sabía cómo podía ser posible esto, si le caía mal el mejor amigo de su hermano. Pero su pulso se disparaba cada vez que sus ojos pardos se depositaban en los suyos. Sentía un cosquilleo extraño en su interior, jamás había experimentado algo parecido.

—Deben ser las hormonas —se dijo a si misma.

Se dirigió a su armario, rebuscó entre las perchas llenas de ropas, pero no encontró ningún vestido decente. Sin embargo, de pronto se le ocurrió una idea, quería ver qué tanto se enfadaría Kaleb si la veía vestida de ese modo.

Mientras tanto, el impaciente hombre la esperaba en el living. Se sirvió una copa de whisky para calmar su mal genio, lo más seguro es que se encontraría a su ex prometida, y de solo pensar que estaría acompañada de su nueva conquista, le entraron ganas de golpearlo. Kaleb no sentía el más mínimo sentimiento por Diana, pero era difícil para él tener que verla con otra persona luego de lo que sucedió. Todos esos años, Ainsworth se culpó por el rompimiento de su relación con la pelirroja, pues la mujer esperaba de él mucha cosas, una de ella era tener hijos, pero Kaleb no quería, no se sentía preparado y su ex prometida decidió acabar con los tres años de relación por esa razón. Las otra causa fue debido a las diferencias personales, ella deseaba formar una familia, la prioridad de él era el trabajo.

Las cosas no resultaron como ambos imaginaron, pero aún así fingieron que todo iba de maravillas. Hasta el día de la boda, que la mujer que sería su compañera de vida decidió terminar con él de la forma más cruel y humillante, dejándole plantado delante de todos.

Para Kaleb fue muy difícil superar aquello, le costó años recuperase de esa ruptura dónde su corazón quedó echo añicos. Se enfrascó tanto en su trabajo que se volvió el hombre amargado, infeliz y déspota que era ahora. Se juró a si mismo no volver a enamorarse nunca más, pero desde que esa joven rebelde había entrado a su vida, algo estaba cambiando en su interior, esas sensaciones que no había vuelto a sentir, estaban resurgiendo en él de nuevo y eso le aterraba.

Ensimismado en sus pensamientos, no se percató de que la dueña de su mente bajaba las escaleras con cuidado de no tropezar. No fue hasta que la jóven llegó a su lado, y Kaleb notó su presencia. Al verla, casi se atragantó con el whisky, comenzó a toser y la chica se acercó preocupada.

—¿Estás bien? —preguntó Sahara, luego de golpear su espalda.

—S-sí —carraspeó Kaleb sin quitar la vista de sus largas piernas descubiertas—. ¿Qué haces así vestida?

—¿Qué tiene de malo? —fingió inocencia.

—Todo, está demasiado revelador y además a dónde vamos es una reunión benéfica. La mayoría que irán son señores de la alta sociedad, no pueden verte así vestida —apartó la mirada de ella.

Kaleb no podía negar que lucía demasiado hermosa y sensual con ese vestido. Pero era la hermana menor de su mejor amigo, ¡Por dios!

—No tengo más vestidos, Stephen me dijo que trajera lo necesario y luego me daría para comprarme ropa —la joven se encogió de hombros reprimiendo las ganas de reír.

La cara de Kaleb le resultó de lo más épica. Sahara deseó haberlo grabado.

—Vale, entonces pasaremos por una tienda y allí encontrarás algo más decente —demandó caminando hacia la puerta.

La chica lo siguió detrás mientras contenía las carcajadas que querían brotar de su garganta.

(...)

El chófer detuvo el auto, Kaleb se bajó y le tendió la mano a Sahara como todo un caballero que era. La joven simuló una reverencia haciendo que este elevara sus labios en un amago de sonrisa, pero el gesto no duró mucho pues volvió a su rostro serio. Sin embargo, la chica había visto aquello y no podría olvidar la preciosa sonrisa que tenía su "jefe."

Ingresaron al lugar que derrochaba lujo en todas partes, un hombre de traje les dio la bienvenida y después de revisar la lista que tenía en manos, les permitió la entrada. Sahara lucía radiante esa noche, y Kaleb se arrepintió de haberla traído consigo, aunque sus motivos para estar acompañado era importante.

El gran salón donde de encontraban la mayoría, contaba con una tarima que seguramente hablaría el anfitrión de la noche. Aún melodía suave sonaba, el ambiente era agradable al parecer de Kaleb que no acostumbraba a esos sitios tan llenos de gente estirada presumida.

A lo lejos divisó al señor Holland, era el nuevo cliente de su compañía, así que aprovecharía de hablar con él de algunas cosas de trabajo.

—Necesito conversar con el señor que está allá, ¿Será que puedo dejarte sola por un momento y no te moverás de aquí? —la joven se hizo la ofendida.

—¿Disculpa? —alzó una ceja mirándolo de mala manera—. Sé comportarme, así que puedes ir a hablar con quién sea que quieras. Estaré en la mesa de aperitivos.

Sahara le dio la espalda y caminó hasta la mesa que tenía comida de si basta. No entendía porque preparaban tanto si al final y al cabo los presentes no tocaban nada. Todos eran iguales, el dinero los hacía arrogantes, nada más veía como las mujeres se miraban con hipocresía y le daba náuseas. Al menos ella se quedaría en un rincón que nadie la viera, se conocía lo suficientemente bien y sabía que no se quedaría callada si opinaban algo de su comportamiento.

Tomó un pequeño plato y se sirvió una gran montaña de comida, todo olía exquisito, no iba a abstenerse de comer solo porque al resto le parecía de mala educación. Le importó un rábano lo que pensaran los demás de ella y se dispuso a comer.

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