Chapter 5 Sudorosa

Chapter 5 Sudorosa

Luego de estar bajo el sol por más de tres horas, al fin Sahara había logrado recoger cincos canastas de uvas. La joven estaba contenta, aunque no le parecía el trabajo más entretenido y fácil, no le fue nada mal para ser la primera vez. Además, conoció a un chico muy amable con el que había pasado las horas de su labor hablando de cosas triviales. Desde que aquel chico delgado de piel bronceada se acercó a ella, tuvo el presentimiento de que se llevarían muy bien. Cris, como se llamaba el joven tímido, era muy respetuoso y para su corta edad tenía una madurez que le impresionó a Sahara.

—¿Estudias? —le preguntó la joven mientras cortaba un pedazo de carne.

Apenas había escuchado el reloj marcar las doce del mediodía y salió disparatada de su puesto. Estaba famélica.

—Sí, me quedan dos años para culminar la secundaria —contestó Cris luego de darle un sorbo a su bebida.

—¡Que bien! —expresó Sahara levantando su dos pulgares—. ¿Ya tienes en mente lo que vas a estudiar?

El chico negó con la cabeza.

—Aún no sé en qué soy bueno —se encogió de hombros.

—¿Cómo que no sabes? En algo debes resaltar, solo debes experimentar en que cosas te hace feliz y listo —le dijo la chica haciendo que el jóven elevara la comisura de sus labios en un intento de sonrisa, que salió más como una mueca—. A ver, ¿Qué te apasiona?

Cris se tomó su tiempo para pensar, tenía muchas cosas en mente, pero solo una le apasionaba.

—Ser músico —musitó un poco avergonzado.

—Oh, ¿En verdad? ¿Cantas o tocas algún instrumento? —indagó intrigada la jóven.

—Sí, bueno, estoy en clases de piano, solo que mis padres lo ven como un hobbie —explicó jugando con las verduras de su plato.

—Entiendo... —emitió Sahara viendo que su nuevo amigo se le dificultaba expresarse—. ¿Has intentado hablar con ellos y decirles lo que quieres?

Cris bajó su mirada a la mesa, no era necesario que le dijera la respuesta a la joven, pues su silencio lo decía todo.

—Es complicado —suspiró sin entrar en detalles.

Así que Sahara no continúo preguntado más, no quería parecer una metiche.

Después de almorzar, ambos regresaron al viñedo, el joven aún debía seguir en su labor. Al contrario de Sahara que ya había acabado su turno.

—Bueno, nos vemos el jueves. Cuídate y para la próxima planeamos una salida por la ciudad —dijo despidiéndose con un beso en la mejilla del chico tímido.

—Vale, nos vemos —le dio un asentimiento de cabeza y se marchó a trabajar.

Mientras, Sahara echó a andar hacia su nuevo hogar temporal. Por el camino iba pensando en lo que le había dicho su nuevo amigo. Notó lo tenso que se puso cuando le nombró a sus padres, tal vez no tenía una buena relación con ellos y por eso no se atrevía a contarle de su sueño de ser un músico. Decidió no darle más vueltas al asunto, marcó el número de Stephen y a los minutos respondió.

—Hola pequeña, ¿Cómo te ha ido? —la jóven soltó un suspiro cansado.

—Me duele hasta la hebras del cabello —dramatizó haciendo que Stephen comenzara a carcajearse—. Pero al menos hice mi trabajo bien para ser el primer día. Espero que el señor bipolar diga lo mismo.

—¿El señor bipolar? —repitió el hermano mayor confundido.

—El amargado ese que tienes como amigo, ¿Quién más? —mencionó la joven irritada de solo pensar en el susodicho.

—Sahara —la regañó Stephen—. Independientemente de como sea Kaleb, recuerda que estás en su casa y debes respetarlo. Sí, tiene un carácter fuerte, pero es buena persona, trata de llevarte bien con él.

—No lo haré si él sigue comportándose como un imbécil —Stephen bufó.

Esos dos no tenían remedio, pensó refiriéndose a Kaleb y su hermana. Los hermanos Hampson cambiaron de tema, tenían muchas cosas más importantes de que hablar.

—¿Cómo van todo por allá? —inquirió interesada la joven chica.

—Dentro de lo que cabe, va bien. Aún debo resolver unas pequeñeces —comentó Stephen revisando unos documentos que su secretaria había traído.

—Pronto acabarás todo allí y vendrás aquí conmigo —su hermano sonrío, extrañaba mucho a Sahara. Nunca se habían separado por tanto tiempo.

—Sí —suspiró melancólico—. Pequeña, tengo trabajo que hacer, te marco en la noche, ¿Vale?

—Está bien, te quiero.

—Yo también, cuídate —emitió el joven y finalizó la llamada.

Sahara tocó a la puerta, a los segundos esta fue abierta por una de las empleadas de la casa. Ingresó a su interior y subió directo a su habitación, le urgía tomar un baño para quitarse lo sudorosa que estaba. Tras unos largos minutos en la ducha, salió envuelta en una toalla y otra en su cabeza como un turbante. Se vistió con unos shorts cortos, camisa de tirantes y sus sandalias cómodas.

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