(...)
La noche había caído y Kaleb estaba con los nervios de punta, llevaba rato dando vueltas y vueltas en su habitación mientras Stephen le hablaba de un tema que desde hacía rato dejó de prestarle atención. Su mejor amigo dándose cuenta de ello, se levantó del sofá y se acercó a Kaleb.
—Hey, relájate, ¿Qué podría salir mal? —habló Stephen intentando distraerlo—. Se trata de Sahara, la conozco mejor que nadie y estoy seguro que está esperando esto desde hace tiempo. Así que descuida, todo saldrá perfecto.
Ainsworth bufó.
—Odio admitir esto, pero tienes razón. Todo saldrá perfecto, o eso espero.
—Claro que la tengo —murmuró Stephen.
De repente...