Ya había pasado una semana desde que volví con Daddy y no podía ser más feliz, lo único que no me gustaba es que insistiera tanto en que hiciera las cuatro comidas, cuando estábamos juntos se sentaba a mi lado y me daba de comer, cuando no podíamos estar juntos me controlaba por video conferencia.
Ese día fui al café a trabajar, como solía hacerlo, cuando llegué Marcelo ya estaba ahí, me hizo una seña para que me sentara con él.
-buenos días Daddy – lo salude con una sonrisa.
-buenos días mi niña – respondió, luego agregó mirándome fijamente a los ojos -¿desayunaste?
-emmm… sí Daddy – mentí, esquivando...