Después de un par de semanas subí un kilo y luego de prácticamente suplicar de rodillas al doctor que me diera el alta cedió solo con el compromiso de que me internaría en un centro especializado en mi trastorno al llegar a Chile, yo no tenía interés alguno en hospitalizarme, pero le dije que sí solo para que me dejaran ir.
Volvimos al hotel esa tarde, guardamos todo, cenamos en el comedor, antes de acostarnos reservamos los pasajes de vuelta en primera clase, como siempre; al otro día desayunamos y partimos al aeropuerto, Daddy cuidaba de mi como si fuera una muñeca de porcelana extrafina, no era solo como se...