—¿Es ese Samuel? —Samuel era la mano derecha del rey vampiro. Después de muchas conversaciones y nuevas normas, íbamos a firmar un tratado de paz con los vampiros, ya que su castillo no quedaba lejos de nuestra ciudad. Todos querían una vida en paz.
—Sí, firmaremos el tratado el próximo mes. Se renovará cada quince años —me informó.
Rozó sus labios contra mi cuello, y el estómago me dio un vuelco. Era una locura cómo este hombre, mi compañero, lograba que mi corazón se acelerara así. Sus besos continuaron descendiendo por mi cuello, y mi deseo por él crecía, al igual que la presión entre mis piernas. Sus dedos acariciaban...