Catalina
Eratu tenía unas ocho semanas de embarazo, lo que la hacía apta para una ecografía. Tal vez si logro convencerla de hacerse una, y escucha el latido del bebé, cambie de opinión sobre el aborto.
—Quiero ir contigo a la clínica —le dije.
—¿Por qué? —preguntó con desconfianza.
—Vas a necesitar a alguien que te apoye. Se siente bien saber que hay alguien allá afuera esperando por ti —le dije. La vi tragar saliva, y asintió con la cabeza.
—Bueno, hoy me viene bien, ¿vamos?
Esperé a que se arreglara y, en treinta minutos, ya estaba lista. La llevé en el auto hasta la clínica. Eratu estaba impaciente por...