Eloisa
Abrí los ojos lentamente, dejando que se acostumbraran a la luz del sol que entraba por la ventana. Me había quedado dormida casi de inmediato anoche, en los brazos de mi compañero. Mi lycan gimoteó, extrañándolo ya. Vi una nota sobre la mesita de noche: decía que había bajado al gimnasio.
—Nuestro compañero —ronroneó Tere.
Todavía no lo podía creer. Tenía un compañero. No solo era mi novio… también era mi compañero. Uno de verdad. MÍO, MÍO, MÍO... Solté un gritito emocionado y besé la nota. Me sentía como una niña en Navidad. ¡Lo amaba tanto! Pero aún no se lo había dicho.
—Nuestro compañero es perfecto —ronroneó Tere...