Estábamos sentados alrededor de la mesa del desayuno. Era el primer desayuno con los cuatro juntos, y era reconfortante verlo.
—Espero que podamos tener desayunos así todas las mañanas —dijo Tere. No añadí nada a sus palabras. No podía ser así cada mañana. Era nuestro primer desayuno, y esperaba que los niños siempre recordaran esto.
—No puedo creer que estemos desayunando con papá —exclamó Aurora. Era realmente una pastilla de felicidad. Le sonreí, al igual que su hermano y su papá. Miré a Salomón, que estaba demasiado contento, y cuando nuestras miradas se cruzaron, mi corazón se aceleró en el pecho. Odiaba que tuviera ese efecto en mí. No te...