Eloisa
El pitido de la máquina en mis oídos me sacó de la oscuridad. Mis ojos se abrieron lentamente. Me tomó un momento ajustar la vista a la habitación en la que me encontraba, aunque todo seguía borroso. Fruncí el ceño por el dolor punzante en mi cabeza.
—¡Estás despierta! —exclamó Tere con una gran sonrisa. Parecía haber recuperado completamente sus fuerzas y volvía a ser ella misma.
—Tere…
—Creo que está despertando, Sal —escuché la voz lejana de mi compañero. Fue tan reconfortante oír el calor en su voz. Mi visión seguía distorsionada.
—¿Mami? —escuché una vocecita llamarme. Una pequeña mano delicada me tocó.
—Hola, bebé —sonreí.
—Hola, mami....