Santiago se sentía tan frustrado y enfurecido que no podía pensar con claridad ¿cómo era posible que sin haber pasado 48 horas se había acostado con otro hombre? Y además, le dijera abiertamente que lo disfrutó ¿pero qué es lo que le estaba pasando?
En cuanto frenó de golpe el vehículo cuando logró ser consciente de la velocidad en la que iba, lo hizo frente a una trabajadora que no dudo en acercarse a ofrecer sus servicios.
Era una mujer de unos treinta y pico, de metro setenta, melena negra hasta la cintura, ojos grises, claramente eran lentes de contacto, demasiado maquillada. Llevaba una minifalda y un top escotado que...