"Más de 40° en París"
–Y de pronto, el lobo feroz abrió grande su boca, tomó mucho aire, miró fijo a los cerditos y sopló tan fuerte la casa de ladrillo que se puso azul…
Santiago estaba acostado en la cama con Luca mientras le contaba el cuento de Los tres cerditos y el lobo feroz, y hacia todas las míticas con las mano en tanto su hijo succionaba su chupete y se abrazaba a un peluche de chanchito.
Erika observaba la escena desde la puerta mientras sonreía y observaba el anillo en su dedo.
De pronto él nene se saca el chupete y la llama.
—¡Mamá!
Con una sonrisa...