El silencio de la noche los encuentra en una habitación en uno de los hoteles más caros de Buenos Aires y entre besos y caricias la temperatura en esas cuatro paredes, comienzan a subir intentando encender una hoguera que pareciera estar consumiéndose con el correr de los días y el sentirse lejos uno del otro hecha más agua apagando ese fuego.
Santiago la besa con desesperación y la toca por todas partes en lo que ella, aunque quiere, no puede encontrar la chispa para hacerla arder.
—Tócame, mi amor. Tócame— le pide él con desesperación mientras toma su mano y se la coloca entre sus piernas, encima de su erecto...