Corriendo como niños bajo la lluvia que no cesa y que de un minuto a otro volvió azotar la ciudad y sin piedad los empapa por completo.
En lo que ella se ubica en medio de la calle, que a esas horas de la madrugada ya no pasa nadie, extiende sus brazos y mirando hacia el cielo de deja abrazar por el agua.
Él, quien con su saca se cubría, en vano. Reía y le pedía que entrara al auto para llevarla a un lugar más cálido, pero no quería, allí estaba bien.
- ¡SOY FELIZ! – grita girando como si tuviera 10 años y él comienza a reírse de...