Una vez dentro de esa habitación, Rivas se pone el chip de jugador y opta una personalidad fría, omnipotente y por sobre todo dominante.
Como siempre y con voz de mando, es él quien inicia la segunda sesión de sexo duro y salvaje en una orgía, por lo que tomando unas cuerdas que estaban colgadas al lado de la puerta, se la arroja a Santiago para ordenar.
—Toma, quiero que desnudez a mí mujer y la recuestes en esa camilla, le coloques en cada muslo y tobillos los cintos. Luego haz que junte sus manos entrelazando los dedos y átala con esa cuerda que acabo de darte. Inmovilízala sujetándolas con...