HENRY
—Baila para mí —ordené y ella asintió.
Comenzó a danzar al ritmo extremadamente caliente de la música que inundaba todo el lugar, mientras sus movimientos hacían que mi virilidad se llenara por entero.
Sacudía su cabeza, mientras su pelo largo y con ondas, danzaba a su propio ritmo. Sus caderas se contoneaban como una serpiente, y mis ojos viajaron al profundo escote de su falda, que dejaba vislumbrar la liga negra tan cerca de su ingle. Me aflojé la corbata y desabroché los primeros tres botones de mi camisa, intentando regular mi respiración.
Despacio, desbrochó por entero la chaqueta que no terminé de arrancársela y se volteó, dándome la...