CAMILE
—¡Maldita puta! —masculló como si estuviera fuera de sí, mientras me seguía golpeado.
Presioné mis dientes y cerré mis ojos, intentando no pensar en ella y solo concentrarme en liberar mis muñecas, hasta que al fin lo logré.
Cuando estuvo por propinarme un golpe de puño, la empujé con las fuerzas que no supe de donde había sacado, y cayó de espaldas mientras yo intentaba incorporarme.
—Y tú eres una porquería de persona, una vil delincuente que no encontrará jamás la redención. Vivirás con la conciencia atosigándote por tus malos actos, por abandonar a una niña que necesitaba a su madre y por hacer todo esto. ¿Qué es lo...