HENRY
La noche había llegado y pronto sería el momento de partir hacía nuestra luna de miel, que sería en Paris.
Camile tiró de mi mano, apartándonos de los presentes, hacia un rincón del jardín.
—¿Quieres adelantar la noche de bodas? —dije apresando sus caderas con mis manos y hundiendo mi boca en su cuello.
—Quería darte mi regalo de bodas, antes de marcharnos —respondió entre gemidos y me aparté despacio, aspirando su delicioso olor.
—Que te hubieras casado conmigo, es un regalo para toda la vida, mi amor.
—De todas maneras, quiero darte algo, así como tú lo hiciste —habló con ilusión y la miré con atención, apartando los...