CAMILE
¿Hasta cuándo no sería dueña de mis propias decisiones?
Para solo respirar, tenía que obedecer a alguien.
Suspiré resignada con que mi vida no sería mía hasta que toda esta pesadilla terminara.
Sin embargo, no me fiaría de las palabras de alguien que me trató como una mercancía. Pondría también mis condiciones.
Fijé mis ojos en el reloj de muñeca que llevaba puesto y marcaban las once p.m., y era demasiado tarde para citar a August, o para hablar con Edward. Sin embargo, no sabía si podría esperar hasta mañana.
Aunque podría escribir mis condiciones en mi ordenador, para que no se me pasara por alto ningún punto…
De...