CAMILE
—¡¿Un año?! —preguntó con incredulidad y asentí—. ¿Tanto tiempo? —volví a afirmar con la cabeza—. ¿Acaso existe alguna cláusula que te impida contraer matrimonio? —bromeó y lo vi con seriedad—. ¿Es eso, Camile? —indagó esta vez con absoluta seriedad.
—Es precisamente eso, August. El dueño de Harrison Enterprise pidió que trabajara para él durante un año, y prometió que luego e ese periodo me devolvería la compañía.
—¡¿A cuenta de qué, Camile?! —preguntó con cierto enojo.
—No entiendo…
—¡Que a cuenta de que te devolverá la empresa! Si es un hombre de negocios, solo lo hará si logra sacar algún beneficio…
Terminó a duras penas la oración y el...