HENRY
Camile se volteó a mirarme con los ojos llenos de lágrimas, tapándose la boca y negando.
La tomé de la mano y despacio comenzamos a acercarnos al lugar dispuesto cerca de la alberca. Mientras, las luces de la casa y el jardín se fueron encendiendo de a poco, iluminando todo el lugar y dando a conocer la preciosa decoración de una mesa larga para una cena de compromiso.
El tablero de luces se había quedado en la última frase y la imagen de fondo era la de Camile, durmiendo apacible en una de las habitaciones de la casa y cubierta solo con una sábana. Parecía un ángel.
Ella no...