OLIVIA.
Nos habíamos quedado dormidos por un par de horas luego de la ducha.
Cuando desperté, no supe la hora, me sentía muy desorientada, pero lo que sentí al ver a Carlos a mi lado, enrollado entre las sábanas de ese hotel y entre mis piernas, fue sublime. Mi piel fue atravesada por una emoción gigantesca y luego, las venas transportaron ese sentimiento hasta mi corazón, el cual bombeó diciendo lo tan enamorada que estaba yo de ese señor.
Sonreí cuando abrió los ojos.
Los volvió a cerrar, pero estiró un brazo para rodearme con él y acercarme su cuerpo.
Boca arriba, acaricié su brazo con mis uñas varias veces,...