NANCY.
Las cosas pasan por algo, soy de las que maneja ese discurso. Pero a veces me gustaría pensar que no es así. Que fortuitamente nos suceden cosas todo el tiempo y que a pesar de labrar nuestro destino, seguimos siendo víctimas de escenarios impensados en deliberadas escenas de vida.
Las seis de la tarde. Febrero. Me coloqué frente a la acera al otro lado del portón del garaje de mi casa, observando el vehículo estacionado aledaño a las rejas grises con blanco de mi hogar, en diagonal a mí, justo frente a la entrada principal.
Era Tony.
A pesar de lo que mi vida pueda ser, no solía tener...