OLIVIA.
Aún de pie, suspiró profundo, colocando los brazos en jarras y mirándome desde arriba, con la respiración acelerada y un rostro de consternación.
Nos miramos de ese modo durante un par de segundos, hasta que se colocó de rodillas frente a mí, sorprendiéndome, y exhaló todo el aire contenido, apoyando sus manos sobre mis rodillas.
Entré en tensión al sentir su toque, pero no me aparté. Verlo así, con la cabeza gacha, mirando ningún punto en específico y negando, como incrédulo, me generó mucha curiosidad, quise escucharle con más ganas.
Entonces, me miró.
—No planifiqué este viaje. No pensé mucho las cosas, solo tomé un avión y… —miró sus...