OLIVIA.
Desperté en otro apartamento, uno que se me ofreció como mío, el mismo donde me invitaron a compartir. Desperté en el piso de Carlos Malaver, mi novio.
A pesar de no tener en absoluto mis cosas allí, solo las necesarias y muy básicas, podía decir que oficialmente estábamos viviendo juntos.
Me hubiese gustado inspeccionar el lugar a cabalidad. Sí, husmearlo todo, ¿por qué no? Pero reconociendo que tendría tiempo de sobra para hacerlo (y claro estaba, sin meterme entre sus pertenencias más privadas, no suelo hacer lo mismo que no me gusta que me hagan), no tuve tiempo ese domingo luego de despertamos juntos, arremolinados entre abrazos, nuestras piernas...