CARLOS.
Pasó un segundo, luego otro mirándola y me eché a reír ligero. No me esperaba esa pregunta. Ni viniendo de ella y menos de esa forma tan directa.
Pero cuando fui a dar la respuesta, mi sonrisa se borró.
—No tengo. —Suspiré y miré mi plato, retomando el pan para terminármelo de una buena vez.
Ella asintió, parecía extrañada.
—¿Qué pasó con ella? —La miré—. Marcos me lo contó. —Se encogió de hombros.
«¿Qué?» me pregunté mentalmente. «¿Cómo mi hijo de diez años sabe que tenía novia si nunca se la presenté?»
De hecho, no tuvimos tiempo para que eso sucediera.
Es más, justo el último día que ella...