No sé cuánto tiempo quedé recluida en ese lugar.
Lo único que sé es que salí cuando el sol había disminuido considerablemente desde la mañana.
Ni siquiera el hambre me golpeó.
No tenía ganas de absolutamente nada.
Mucho menos de volverme a encontrar a Adriano.
Tenía miedo de las reacciones de mi cuerpo traicionero.
Sólo estuve horas en esa habitación contemplando en lo que sea ha convertido mi vida en estos últimos días.
Una montaña de emociones inconclusas que me vuelven loca.
Que hacen que me sienta desorientada.
Estúpida.
Si pudiera volver a casa y escapar de todo esto.
Iré a buscar a Salomé.
Ella me ayudará.
Estoy segura de...