Chapter 6 - No voy a dormir contigo.

Chapter 6 - No voy a dormir contigo.

—Sígueme —me dijo él con un tono gélido sin embargo yo no le hice caso.

Estaba demasiado furiosa y desesperada como para hacerlo.

¿Cómo es que de convertir mi sueño en realidad pasé a esto?

Tengo que irme de aquí.

Necesito estar en casa con mi tía.

Quiero volver con las chicas.

—No voy a seguirte.

Quiero que me dejes ir ahora —le exigí respirando de forma entrecortada.

Todos los que estaban allí empezaron a mirarme como si me compadecieran.

Un deje de miedo cruzó por mi cuerpo pero lo hice a un lado.

Si tenía que morir para que este bastardo me dejara al fin en paz eso iba a hacer.

No me importaba.

Quiero mi libertad y la quiero ahora.

Él me dedica una mirada sombría que hace que cada parte de mi cuerpo tiemble por el temor pero no bajo la mía.

Mantengo la mirada en él desafiante.

Retadora.

Mi cabeza está alzada, firme.

No voy a demostrarle mi miedo.

—Camina, Natasha —ordenó él para mí.

Es obvio que está acostumbrado a ser la voz cantante pero conmigo no va a hacerlo.

No me importa obedecer a este bastardo.

—Ya te dije que no voy a hacerlo ¡Déjame ir! —grité furiosa pero me callé cuando lo vi caminar para quedarse frente a mí pero no por demasiado tiempo.

De repente siento que él me carga entre sus brazos para ponerme sobre su hombro sosteniéndome las piernas y el trasero.

—Llamen al médico ahora —volvió a repetir para comenzar a caminar hacia adentro de la casa otra vez.

Enseguida me horroricé saliendo de mi shock inicial y comencé a removerme en su hombro sin importarme si me caía y me hacía daño.

Solté un grito furioso mientras que golpeaba su espalda y trasero.

— ¡Suéltame! ¡¿Te volviste loco?! ¡No me toques!

—No querías caminar, te estoy llevando entonces.

No protestes tanto.

— ¡Bájame, yo puedo caminar! —exclamé para que me soltara pero aun así no lo hizo.

El muy psicótico incluso comenzó a subir las escaleras conmigo a cuestas.

Evidentemente es muy fuerte y no es sólo músculo.

— ¡Te dije que me bajes, maldita sea!

—Tendremos que hacer algo con ese lenguaje.

— ¡Tú no vas a obligarme a nada hijo de...!

Solté un gritito cuando lo sentí golpearme el trasero haciéndome sobresaltar.

¿De verdad me ha golpeado el trasero?

Estoy tan furiosa que podría matarlo con mis propias manos.

Él me bajó al fin de su hombro deslizándome por su cuerpo fibroso pero ignoré esto fulminándolo con la mirada.

—Dado a que te dedicaste a destruir tu habitación te quedarás en esta, conmigo.

Yo lo miré horrorizada ahora sin detenerme a mirar la habitación.

Él no puede estar hablando en serio.

Está jugando conmigo.

— ¡Claro que no! —gemí yo negando con la cabeza.

—Oh, claro que sí.

Te quedarás aquí donde yo pueda verte y controlar cada uno de tus movimientos.

— ¡Estás loco! Dios mío de verdad que lo estás.

Mira, déjame libre.

Te pagaré mucho dinero si lo haces, en cuanto vuelva a tener acceso a mi dinero te pagaré.

Él arqueó una ceja pero mantuvo su rostro inexpresivo como si estuviera analizando mi propuesta y un deje de esperanza renació dentro de mí.

— ¿Tu familia tiene la solvencia suficiente?

Me espanté de sólo pensar en incluir a mi tía en todo esto.

Sí.

Ella tiene mucho dinero.

Después de todo ha trabajado tan duro para tener lo que tiene pero no quiero que él sepa sobre ella.

No quiero que la toque.

La protegeré inclusive con mi propia vida.

Nadie puede tocar a mi tía.

Yo daría mi vida por ella inclusive.

—No tengo a nadie más —mentí evidentemente, no voy a exponerla—. Pero de verdad tengo mucho dinero, puedo encargarme de pagarte.

Sus ojos me miraron por un largo rato intimidándome en el proceso hasta que él comenzó a dar pasos en mi dirección quedando frente a frente conmigo robándome la respiración.

Haciendo que contuviera el aliento.

Estábamos a una distancia tan corta que quise huir pero él me sorprendió tomándome la barbilla con firmeza sin hacerme daño para que no me moviera por ningún motivo.

—No creas que puedes engañarme pequeña, puedo ver a través de ti.

Yo lo sé todo.

De inmediato fruncí el ceño y sentí como mi corazón se aceleró cada vez más ¿Estaba él amenazándome?

Sabe sobre mi tía Amanda y eso me aterra.

Ella es mi debilidad.

—Fuiste muy imprudente y estúpida. Mira el daño que te hiciste —gruñó él tal y como si de verdad le importara que yo me hubiera lastimado tomándome el brazo para examinarlo.

Yo bajé la mirada para ver que él tenía razón.

Tenía una herida en este que ni siquiera había notado antes y que ahora escocía.

La puerta de repente fue tocada y él dejó de tocarme para girarse a esta e ir a abrir la puerta.

—El médico está aquí —anunció la mujer de esta mañana que me había ido a llevar el desayuno quien me miró con pesar por unos segundos antes de que dejara entrar al médico.

Adriano le comentó lo que había pasado pero el doctor parecía apático a mi situación de rehén por lo que es obvio que él ya conoce todo lo que él hace y no va a ayudarme tampoco.

Era algo de esperarse pero aun así no me detendré.

Trataré de escapar de aquí hasta mi muerte.

—Recuéstate.

Voy a examinarte —me dijo el médico y obedecí a regañadientes mientras que comenzaba a examinarme.

Él limpió la herida de mi brazo que dolió un poco al mismo tiempo que yo sentía la mirada de mi secuestrador fija en mí incomodándome.

—Afortunadamente no fue una herida profunda, vas a estar bien.

Debes limpiártelo y aplicar antiséptico, después de eso debes cubrir la herida cada 24 horas.

—Yo me encargaré de que lo haga —habló Adriano.

—Yo puedo hacerlo sola —lo miré fulminándolo con la mirada.

El doctor me miró divertido levantándose.

—Te dejaré esta crema para el moratón en tu muñeca, aplícalo día y noche, muy bien, si tienes algún otro inconveniente Adriano puede llamarme.

—Muchas gracias doctor —murmuré yo y él asintió antes de salir de la habitación.

Y mi mirada se dirigió una vez más hasta este fastidioso tipo.

— ¿Qué esperas para salir? —le gruñí yo y él me tomó del otro brazo para acercarlo a su vista y ver el moratón que los dos habíamos ignorado pareciendo mucho más tenso que antes.

Tomó la crema que el doctor había dejado para mí y la abrió para aplicarla él mismo sobre mi piel poniéndome tensa al instante.

No quiero que me toque.

Intento alejarme pero él no me deja hacerlo.

—Quédate tranquila —gruñó él y me mordí la lengua para no contestarle.

Le dejé que terminara de hacerlo a regañadientes para después apartar mi brazo de él.

De repente Adriano se levantó de la cama dejando la crema sobre esta.

—Que no se te olvide que esta también es mi habitación.

—No voy a dormir contigo —refunfuñé yo porque definitivamente no voy a hacerlo.

Él no me escuchó y salió de la habitación tan rápido que ni siquiera lo esperé.

Fruncí el ceño y bufé por lo bajo.

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