Después de que le serví a Adriano bajo esa mirada intimidante y posesiva suya me escabullí por el pasillo cuando los hombres que venían con él comenzaron a llamar su atención hablando sobre cosas que yo no entendía.
Caminé hasta el salón de música donde estaban las chicas y escuché la melodía de Clara a dúo con Eva.
La verdad es que las dos tenían voces de ángeles.
No tardé en sentarme junto a Rosabella quien se arreglaba las uñas sin levantar su mirada ni siquiera por un momento.
—Tardaste una eternidad —me dijo Trini haciendo una mueca y yo le sonreí a modo de disculpa.
—Lo siento.
La canción...