Su aliento choca contra el mío y la calidez de su cuerpo me embriaga.
Ni siquiera sé qué debo hacer a continuación.
Mi cerebro se ha desconectado y lo único que puedo hacer es fijarme en esos ojos preciosos que me detallan fijamente.
Es tan terriblemente guapo que estuve a punto de olvidar todo lo que hizo sin embargo pronto estuve avergonzada de mi propio comportamiento.
¿Cómo es que seguía sobre los brazos de mi secuestrador?
Mi frente se frunció al fin antes de hablar con voz firme.
—Suéltame.
No fue una petición sino una orden directa pero al parecer él no sabe acatar ninguna.
Sus pupilas me penetran buscando...