Mi espalda agradecía el cambio aunque supongo que no sería lo mismo con la de Adriano.
Al sentarme sobre la cama y recordar lo que había pasado conmigo la noche anterior me llevé la mano a mi frente y sentí el chichón ya casi totalmente desinflamado.
Supongo que se debía al hielo que él me había puesto la noche anterior.
A veces me confunde su preocupación y comienzo a dudar si está fingiendo conmigo o no.
No lo sé.
Estoy insegura.
Doy una mirada en dirección al sofá donde él había estado descansando y veo que todo está hecho un desastre.
No recogió ni la almohada ni la frazada.
Se...