— ¿Cómo te fue con las chicas cariño? —me preguntó mi tía nada más cuando entré a la casa llamando mi atención haciendo que me sobresaltara.
Ella de inmediato frunció el ceño y se detuvo frente a mí.
— ¿Qué es lo que pasa Natasha? Estás muy pálida —me preguntó preocupada tocándome la cara para comprobar si tenía fiebre como una niña a lo que yo me aparté para que no lo hiciera.
—Ya basta tía.
Estoy bien.
No tienes de qué preocuparte, sólo me asustaste.
Ella se quedó mirándome fijamente como si intentara leer mi mente o algo así inquietándome un poco pero fingí como que todo estaba en...