— ¡Natasha! ¡Espera! —gritaba Eva detrás de mí alertando a los guardias de adentro de la casa que enseguida corrieron en mi dirección.
Yo maldije entre dientes acelerando el paso hasta llegar a la habitación.
Entré abruptamente tirándole la puerta en la cara para revisar la gaveta y encontrar lo que quería.
Mi defensa.
La puerta se abrió con estrépito al igual que la del baño desde donde salió Adriano envuelto en una toalla con el agua cayéndole por todo su cuerpo fibroso.
— ¿Qué estás haciendo, Natasha?
Yo sin dudarlo pero temblorosa alcé el arma en su dirección mirándolo a los ojos.
—Sólo quiero irme de aquí, déjame hacerlo...