Para cuando me desperté Adriano me estaba llevando cargada logrando que me despertara por completo.
—Bájame.
Ya me desperté.
Puedo caminar.
Él clavó sus ojos en mí como si fuera a decirme algo pero finalmente accedió a mi petición y me dejó sobre el suelo para que caminara por mis pies sin embargo no me dejó ir tan fácilmente como yo creía.
De repente tomó mi mano haciéndome caminar con él.
No pude evitar ponerme ligeramente incómoda con su toque pero era más a causa mía que suya.
Mis pensamientos eran los que están enloquecidos.
Desatados.
Fuimos a buscar nuestras maletas y los hombres de Adriano no dejaron de acompañarnos...