—Te puedo sugerir algo… más natural— ronronea acercándose a mí, su mano derecha se apoya en el lumbral de la puerta. Bajo la vista avergonzada, su presencia me hace temblar nose que pensar para ser sincera. Él coloca su mano debajo de mi barbilla, levanta mi rostro y sus ojos azules se clavan en mis orbes verdes. Trago saliva en seco, creo… que me voy a desmayar.
Pero le piso el pie, sin embargo para mí sorpresa no chilla, sino que su rostro se vuelve rojo, me besa.
Mierda ¡Me besa!, no puedo creerlo.
Lo muerdo.
¡Ay no, lo mordí!
Cierro la puerta, pero no del todo y escucho como...