Chapter 6 6

Chapter 6 6

—¿Estas bien..?

—¿Quieres… meter eso en mí? –quise saber espantada y el asintió, pero más allá de querer convencerme, se acercó acariciando mis labios, para darme un beso suave, bajando mi barrera y entregándome a él.

Como él ya me había penetrado con sus dedos, pensaba que no me dolería tanto: error. Su miembro era grueso y enorme, cuando entra en mí, grito en una mezcla de éxtasis y terror.

Capítulo 6

Me toma de la cintura, haciéndome el amor, nos movemos en un vaivén atrevido de un lado al otro. Nunca había terminado, ni siquiera me percato que ese líquido cayendo de mi trasero era mío. Ambos aun estamos borrachos porque no me pregunta nada, cuando vemos sangre cayendo. Me encojo de hombros y limpio con papel del baño, el sigue bebiendo y yo también, cuando volvemos a entregarnos el uno con el otro.

Al día siguiente, me dolía el cerebro, pero al abrir los ojos me encuentro sola. Hay una nota sobre la almohada blanca.

“Buen día bonita, tuve que ir a trabajar, fue grandioso conocerte, mi casa es tu casa, quédate el tiempo que necesites”.

Hmm, al parecer quiso ser amable. Aunque desde mi punto de vista, me hubiese gustado verle. Son las ocho de la mañana ¿Quién trabaja tan temprano? Decido olvidarme de ese desconocido, nunca compartimos los nombres y supe que era para mejor. Mis ojos se encuentran mientras camino, con una hermosa barra a unos metros de distancia. Me siento después de prepararme una taza de café con leche, me gustaría tener una maquina tan sofisticada, incluso te saluda al encenderla.

¡Odio ser pobre!

Aunque al menos tengo buena salud, suspiro había enviado un mensaje para confirmar la entrevista con el Licenciado de no se qué, para alquilar mi vientre. Y créanme, no estaba para nada convencida, pero lo hacía por el bien de mi sobrino. Suspiro cuando me dice “Hola”, y yo quiero desaparecerme, pero mas alla de mis sentimientos le respondo con un Hola que tal.

Me va a entrevistar, me miro en el reflejo del vidrio, hago una mueca, parezco una bruja con resaca. Tengo los ojos negro mapache, el labial corrido hasta el cuello y ni hablar del enredo en mi pelo finito y lacio. Pongo los ojos en blanco, salgo corriendo dejando la asa de café a medio tomar. Me prepararé otro, total, según el desconocido es mmi casa.

Mientras llego al baño, voy bajando mi pantalón y sostengo entre mis manos un peine finito, parecido a los que sacan esos animalitos raros del cabello. Hago una mueca al sentir que el peine se quedó atorado de por vida en mi melena, no tan radiante. La desesperación se apodera de mí y con una sonrisa de lado, pero de dolor, comienzo a jalar mi cabello.

1… 2… 3….

Cuento con cinismo y preocupación, tengo miedo ¿Me quedaré calva? ¿Será el fin de mi cabello sedoso? Pero para mi sorpresa agradable, el peine se desliza dándome un alivio enorme ante mi incertidumbre.

—¡Soy libre! –exclamo al viento, que dudo que le importe mi pequeño conflicto, pero estoy tan feliz, ahora viene la parte mas difícil: desmaquillarme sin nada.

Mierda, tendría que haber traído algo, pero solamente tengo un dólar, les juro, y mi teléfono celular. Hago una mueca, al menos mi cabello esta sedoso, entonces recuerdo algo que Sol hace, pasarse algodón con crema.

Gracias hermanita…

De verdad eres un Sol.

Tomo una crema que al parecer es corporal, la unto en papel higiénico, si, no encontré algodón y comienzo a pasarme por mis ojos. Por fin estoy libre y limpia como una lombriz, ¿o era feliz?, bueno da igual.

Ciento que esta mañana me levanté más loca de lo normal ¿Se dieron cuenta?

Me da curiosidad de quienes leen mi vida rara ¿De dónde son?

—Ay Luna, nadie te está leyendo – me reclamo en voz alta, además no tengo nada escrito

Enseguida la pantalla de mi teléfono recibe una video llamada, y siento que tengo un nudo en la garganta, que nervios.

No quiero saber nada de hablar de mi vagina con un desconocido, pero al menos, perdí mi virginidad, no de la manera que esperaba, pero lo disfruté. Mis mejillas se vuelven calientes, espero que no se note. Cuando pongo en aceptar, un hombre de aspecto amistoso aparece del otro lado, tiene unas gafas azules enormes, su cara queda escondida.

Si, es el hombre de gafas.

—Hola Sol – me saluda del otro lado y yo no sé si debo sonreír o fingir que estoy seria.

De pronto mi ojo izquierdo comienza a arderme, pero demasiado. Abro los ojos con sorpresa ante el sentimiento y quiero vomitar. Pero me contengo con una sonrisa falsa, y el hombre comienza a hacerme preguntas acerca de mi supuesto parto. Le contesto, después de anotarme en mi cabeza todo acerca de Sol. Sol no me mates.

Después de 45 minutos hablando de un monologo el hombre, me despeja todas mis dudas, aunque hay algo que me mantiene impaciente: tengo que hacerme un test psicológico, nunca en la vida hice un test así. ¿Y si me auto descubro como loca?

Ay no.

Prefiero fingir que estoy cuerda aunque me van a hacer dibujos, y para el colmo, tengo que comprar hojas porque no tengo, o debo robarle a mi sobrino. Si, eso voy a hacer, de igual forma parte del dinero es para él.

Vuelvo a la cocina para prepararme una taza de café después de confirmarle que si al sujeto. No estoy segura de lo que hago, pero ya di el primer paso. Y soy muy tímida para hablar con desconocidos.

Mi yo interno está orgulloso de mí y me siento bien de saber que estoy dando un paso importante. Suspiro mirando con los ojos llorosos un mensaje de la licenciada que me atenderá en una semana. Pero me pide hasta fotocopia de mi trasero, por no decir que de todo, ¿Y si acaso quieren estafarme?

Tengo miedo, no diré lo contrario.

Pero horas más tardes, con tres cafés encima, estoy frente a la cama de Luis, se ve tan tranquilo y delicado. No soporto verlo en ese estado, algo tengo que hacer y lo sé. Quizás no es mi responsabilidad, pero ¿Acaso debo dejarlo morir? Nunca podría perdonarme sin hacer lo que más pueda.

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