AMBER
Sin importar que nos llevamos por delante Maximiliano me guiaba por toda la sala de su departamento hasta llegar a su habitación, lo sé porque me tiro con tanta desesperación en la cama que casi me golpeó la cabeza con la pared. Sin importar que, Maximiliano siguió devorando mis labios hasta el punto de mordisquearlo.
Dios aquel hombre besaba como los malditos dioses. Eso era lo único que pasaba por mi cabeza en aquel instante. Hacía mucho que alguien no me besaba y tocaba de esta manera, podía decir que era casi virgen, porque mi cinturón de castidad seguía en su lugar.
Con un simple movimiento de manos Maximiliano...