El ambiente de la casa se encontraba tenso. Mi hermano estaba sentado en un extremo de la sala y yo en el otro. Como árbitros, estaban Adam, Rebeca y Anthony, los tres en completo silencio, esperando a que alguno de los dos tirara la primera piedra. Yo no pretendía iniciar nada; él fue quien hizo todo el drama y él es quien me debe pedir perdón. Pero conociendo el orgullo que caracteriza a ese muchacho y lo difícil que le resulta admitir que estaba equivocado, sé que tendré que esperar mucho tiempo.
— Esto es una pérdida de tiempo — digo mirando a los chicos. — Tú sabes cómo es...