Entró por las puertas de la escuela como todos los días, los chicos y chicas que están a mi alrededor me miran con incredulidad, cada paso que doy es una persona más que me voltea a ver.
Al llegar a mi casillero lo abro con recelo, los estúpidos amigos de mi hermano pudieron haber hecho alguna broma en la cual yo saldría perjudicada, pero no, no pasó nada cuando lo abrí.
— ¿Cómo amaneció la mujer más hermosa de esta escuela? –- la voz de Adam hace que me voltee de inmediato para mirarlo con sorpresa.
— ¿Yo?
— Pues no veo a nadie más.
— ¿Estás enfermo?
— Enfermo de amor por ti –- Adam se acerca y sus labios se chocan con los míos, aquello me impresiona tanto que siento que mis ojos se van a salir de cuencas.
Me levanto de golpe, ¿por qué había soñado eso? Eso nunca en la vida iba a pasar.
En el primer piso de la casa se escuchaban risas, así que tomo mis pantuflas y bajo a ver qué pasa; en la sala se encontraba mi hermano y su mejor amigo, en sus piernas había dos chicas a las que les acariciaba el cabello. Carraspeo para llamar su atención y así fue, las cuatro personas que estaban allí voltearon a verme de inmediato.
— ¿Qué hacen aquí a... — miro el reloj que está sobre la pared - a las dos de la mañana?
— No es de tu incumbencia — responde Adam. Al verlo, de inmediato pienso en aquel sueño que me pone los pelos de punta.
— No te pregunté a ti –- me cruzo de brazos para encararlo.
— Solo hablamos, Amber, ¿por qué no vas arriba otra vez? No es nada del otro mundo –- responde mi hermano.
— No quiero escuchar ningún tipo de ruidos que conlleven gemidos. Ocurre eso y le digo a mamá que usas su casa como motel — digo todo eso subiendo las escaleras. Entro de nuevo a mi habitación y me tiro en la cama para volver a dormir.
Esa noche no escuché ninguna mujer gritando como loca. Me levanto de la cama para tomar una ducha. Lamentablemente, hoy me tocaba ir al colegio, pero lo bueno es que era viernes. Salgo del baño enrollada en una toalla, tomo algo cómodo y bajo para hacerme el desayuno.
Adam y Jackson todavía no se levantaban y ya se estaba haciendo tarde. Tomo mi cereal favorito y le echo leche. Luego de terminar, subo para lavarme los dientes. Terminado este proceso, me dirijo al cuarto de mi hermano para levantar al par de tontos que duermen aquí.
Abro la puerta sin tocar. No vi nada del otro mundo, solo a dos vagabundos durmiendo.
– Jackson -- muevo a mi hermano para que se levantara, pero lo único que hace es roncar— ¡Jackson! — lo vuelvo a mover — ¡JACKSON! — doy un grito para que este se levantara, pero en vez de ser él, es Adam quien se levanta.
Vaya, mi hermano ni un terremoto lo despierta.
— ¿Estás loca? No puedes despertar a las personas así.
— Ya se hace tarde para ir a la escuela — digo — yo ya me voy, voy a tomar el auto de mamá. Le dices a Jack — me dirijo a la puerta.
— Loca — es lo último que escucho antes de salir de la habitación. Bajo al garaje para sacar el auto e irme.
…
Entro al estacionamiento de la escuela y todos ven el auto con intriga. El auto de mamá es un Cadillac, el de Jackson es un BMW y el de papá un Volvo, y yo soy la única persona de la familia que no tiene un auto. Me bajo del auto con mi mochila sobre mis hombros y al levantar la cabeza, todos parecen sorprendidos.
— Miren, Amber tiene auto nuevo — giro mi cabeza a la derecha para saludar.
— Hola, Rebeca — saludo a la única persona que me habla en la escuela.
— ¿Carro nuevo? — pregunta mientras emprendemos nuestro viaje a las aulas de clases.
— No, es solo el auto de mamá. Ella salió de viaje y me dejó las llaves de este bebé.
— Sí, es lindo y todo, pero no me quiero imaginar lo que tiene dentro — río ante el comentario de mi amiga. — No es nada del otro mundo, Rebeca, y antes de que digas que somos adinerados, no lo somos. Aunque pensándolo ahora, puede ser que sí tengamos un poco de dinero.
— Ok, ok — alza sus manos en forma de rendición. - Vamos a clase.
La campana de inicio de clase se escucha por toda la escuela. Mi primera clase es educación física. A muchos les encantará, pero yo la odio. No me gusta que la gente me vea en short y tampoco que me vean correr.
— Vamos, Amber, no coloques esa cara. Veamos el lado positivo.
— No, Rebeca, no le busques la quinta pata al gato. Mínimo se van a burlar de mí por cómo soy y no estoy para soportar estupideces.
— Ok, yo sí saldré — Rebeca sale de los vestidores de mujeres, dejándome sola. Me vuelvo a colocar la ropa que traje y me dispongo a salir. Me encontraba cerca del cuarto del conserje cuando alguien toma mi brazo y me jala para quedar dentro del cuarto de limpieza.
— Amber, ayúdame.
— ¿En qué momento llegaste? — Estaba sorprendida, porque este chico debía ser rápido para llegar al mismo tiempo que yo.
— Después de que me despertaras, no me volví a dormir y no me quedó otra opción que venir a este aburrido lugar.
— Podías ir a cualquier lugar y elegiste la escuela. Definitivamente, eres un poco tonto.
— No estoy para bromas, Amber. No he desayunado y me he comenzado a sentir mal.
— Pues, ve a la cafetería y desayuna.
— No, en ese sentido. No me he colocado la medicina - habla en un susurro.
— ¿Tienes mierda en la cabeza? ¡Sabes que debes colocarte la maldita insulina y no lo haces!
— No grites, nos pueden escuchar.
— Está bien — respondo tranquilamente. — ¿Dónde está la medicina?
— La enfermera aún no llegaba, así que las tomé de allá — Adam saca una jeringa de su jean.
— Está fría — hablo cuando la jeringa llega a mis manos.
— Siempre deben estar refrigeradas — responde Adam. Este se levanta el suéter y lo miro con incredulidad. ¿Qué?
— ¿Para qué te levantas el suéter?
— Porque es aquí donde debes colocarme la insulina — señala el lado derecho de su abdomen.
— Ok, aquí voy — acerco la jeringa al lugar donde me señaló Adam.
— Gracias - dice cuando saco la aguja de su cuerpo.
— No fue nada — tomo el pomo de la puerta para salir de aquella habitación. Miro el reloj que está en mi muñeca para ver a qué hora se acaba la clase de educación física. Faltaba una hora, así que me dirijo al patio trasero de la escuela para descansar un poco.
La campana para la siguiente clase suena, los alumnos caminan hacia sus respectivas aulas. Entro al aula de filosofía y normalmente me siento atrás, pero esta vez decidí sentarme en uno de los asientos de adelante. El resto de los alumnos entra y se ubican en su lugar cuando el profesor entra junto con su maletín.
— Bu... — se ve interrumpido por el director.
— Disculpe la interrupción, profesor Figueroa, pero hoy tenemos un estudiante nuevo — el director hace una señal a la persona nueva para que entre, se oyen pasos y la intriga de saber quién es el nuevo. Al aula entra un chico moreno y se escuchan cuchicheos detrás de mí.
— No deberían aceptar chicos negros en esta escuela - logro escuchar de las chicas detrás de mí.
— ¿Puedes presentarte? — le dice el director.
— Mi nombre es Luke Collins, tengo diecisiete años y vengo de Canadá.
— Bueno, Luke, siéntate donde gustes — dice el profesor cuando el director sale del salón. El chico busca con la mirada un asiento sin ocupar. "Que no sea a mi lado", decía en mi mente.
Dicho y hecho, el chico nuevo se sentó a mi lado.
— Hola — saluda él.
— Hola — respondo tímida. El profesor comienza su clase con los sofistas, y la clase transcurre de forma normal. Algunos toman apuntes, otros duermen o hablan, y todo esto en las dos horas de clase.
La campana para el receso suena, los que estaban dormidos se levantan y salen, el aula queda cada vez más vacía. Estoy esperando que el chico nuevo se levante, pero él no lo hace.
— ¿Podrías dejarme pasar? — pregunto tímidamente.
— Te dejo pasar, pero con una condición.
— Mm... ¿cuál?
— Me das un tour por toda la escuela — dice Luke ofreciendo una sonrisa.
— No puedes acercarte a mí, ahora me das permiso.
— ¿Por qué dices eso? — miro a todos lados para ver quién nos ve.
— Soy la chica a la que le hacen bullying, y sé que tú no quieres a alguien imperfecto.
— Nunca le he prestado atención a lo que dicen los demás. Todos ellos son unos ignorantes, y tú eres una chica bella. Ahora vamos para que me enseñes la escuela — le ofrezco una sonrisa, la más sincera que he tenido en muchos años. Asiento lentamente y salimos del aula de clase.
— Bueno, este es el pasillo principal, como puedes notar - con mis manos hago énfasis -. Este es el pasillo para ir al gimnasio –- señalo el pasillo que está a mi derecha –-. Y esa gran entrada allá da acceso al campo de fútbol americano.
— ¿Me podrías señalar por dónde vives? — ¡Oh no! Estoy soñando o esto es real. Me golpean, por favor, mis mejillas tienen que estar como un tomate.
— Cada cosa a su tiempo — suelto una carcajada y él me acompaña en ella.
— ¿Qué tal si vamos a la cafetería?
— Sí, vamos - seguimos caminando hasta llegar a las puertas de la cafetería. Luke empuja la puerta, dejando ver a todo un tumulto de adolescentes hormonales.
Luke toma una bandeja para hacer la cola y comprar algo de comer. Yo normalmente no como en la cafetería, ya que la comida tiene cierto sabor extraño.
— Luke, te espero afuera — vocifero, para luego señalar el gran ventanal que da a las mesas de afuera.
— Ok — baja las escaleras para salir de aquel lugar. Tomo asiento en una de las mesas vacías. Esa es una de las ventajas de tener un lugar para ti sola.
— Amber, te estuve buscando. ¿Dónde estuviste en las dos horas de educación física?
— Me quedé por ahí hasta la siguiente clase.
— Estaba preocupada, pensé que alguno de esos trogloditas te había hecho algún daño.
— No, todo estuvo tranquilo, y eso fue extraño.
— Amber, te traje una manzana — Luke se sienta en una de las sillas que está a mi lado — Hola, mucho gusto, Luke Collins. ¿Y tú eres?
— Soy Rebeca Gutiérrez. ¿Eres nuevo? Nunca te había visto en esta escuela.
— Sí, soy nuevo — Luke le da una mordida a una de las hamburguesas. Rebeca y yo lo miramos con cara de asco, y Luke hace un mal gesto que de inmediato toma una servilleta y devuelve lo que tenía en la boca – ¿Qué es esta porquería?
— Aquí no saben de qué está hecha esa carne de hamburguesa, y lo primero que hacen los nuevos es comprar una. Bienvenido — respondo —Toma, no tengo mucha hambre - le ofrezco la manzana.
— Ya no confío en lo que venden allá adentro.
— Amber, me voy contigo hoy. Mi madre no estará en casa.
— Me parece bien — respondo. Los tres comenzamos a hablar sobre cualquier tema que salga al aire. Una historia de Luke me hizo soltar una carcajada, llamando la atención de los que estaban alrededor. Yo nunca había reído ni sonreído dentro de la escuela.
— Pero miren nada más — una persona muy conocida se posiciona frente a nosotros — Willi tiene amigos.
— ¿A quién llamas Willi? — Luke se levanta de la silla.
— A tu amiga, la gorda — responde él burlón.
— Mira, hombre, hombre no, marica. Sí, ese te queda perfecto. ¿Por qué mejor no te vas a hacer algo mejor que molestar a Amber?
— Se nota que eres nuevo. Mira, nosotros aquí colocamos las reglas y el resto las cumple. Tú te callas y no comentes — se acerca amenazadoramente a Luke. En respuesta, Luke lo empuja, y un grupo de personas se va haciendo alrededor de nosotros.
— Vuelves a llamar Amber con ese tono y te parto la cara — responde Luke enojado, se puede notar desde lejos que está rojo de ira.
— ¡Uh! Qué miedo tengo.
— Luke, vamos, no le des importancia — digo levantándome de la silla para tomarlo del brazo.
— No, Amber, a este hay que darle su merecido.
— Amber tiene razón, Luke, vamos antes de que el director se dé cuenta de toda esta gente en círculo — Rebeca toma su otro brazo para alejarlo de Stan, el perro de Mandy.
— Está bien, pero solo lo hago porque tú me lo pides — damos la vuelta para salir de aquel lugar, también había gente de adentro que estaba pendiente de lo que estaba ocurriendo.
— ¿Les gustaría salir de aquí? — pregunta Rebeca.
— Por favor — responde Luke aún con cara de furia -. No traje auto.
— No importa, yo te llevo — vocifero. Luke me ofrece una sonrisa.
— Vamos, tortolos, salgamos de aquí — Luke, Rebeca y yo salimos de la escuela en los autos para pasar el resto de las horas fuera de aquella cárcel.